¿De dónde sacaron mi número?

Publicado originalmente el 16 de enero de 2019 en La Segunda

Todos hemos sido víctima de la expresión más recurrente y molesta de la falta de protección de datos personales en nuestro país: las insistentes llamadas que recibimos para ofrecernos créditos, productos y planes. La pregunta que surge al recibir estos llamados siempre es ¿de dónde sacan mis datos si yo nunca se los entregué? 

Nuestra actual ley de datos establece que para tratar los datos personales de alguien se requiere su consentimiento expreso, informado y por escrito. Cosa que la mayoría de nosotros no hemos entregado a las empresas que insisten en llamarnos para ofrecernos sus productos. El problema es que la ley contiene una excepción especial para el marketing directo. Las empresas que realizan comunicaciones comerciales tienen una regla hecha a medida que les permite recolectar y transar libremente nuestros datos. 

El objetivo del proyecto de ley ingresado a comienzos del año 2017 era el de reformar completamente nuestro sistema de protección de datos personales para evitar que las personas quedaran desprotegidas ante este tipo de situaciones. 

Siguiendo el modelo europeo, la iniciativa establece que un tercero puede recolectar y tratar los datos personales de otro cuando cuente con su consentimiento o cuando exista un “interés legítimo” en dicho tratamiento. Distintos expertos le recomendaron al gobierno que el texto estableciera expresamente qué actividades se consideran de interés legítimo, de tal forma de otorgar certeza jurídica y evitar que se transformara en una excepción amplia y difícil de fiscalizar. 

El gobierno accedió a definir taxativamente qué actividades se entenderían como de interés legítimo, pero paradójicamente la regla quedó peor. En el listado cerrado se encuentran actividades que sin duda todos consideramos nobles, como la prevención del fraude, la seguridad informática, la investigación con fines históricos, estadísticos, y científicos, etc. Al final de la lista, sin embargo, está el invitado de piedra… ¡el marketing directo! Las empresas seguirán teniendo manga ancha para contactarnos sin nuestro consentimiento. 

Urge que el gobierno reconsidere esta inclusión o la nueva ley de datos personales se transformará en otro ejemplo de El gatopardo: que todo cambie para que todo siga igual. 

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