Aula virtual: un experimento forzado

Publicada el 14 de abril de 2020 en La Segunda

La pandemia tiene al mundo sumido en un experimento forzado sobre la viabilidad de la educación a distancia. En general, las instituciones educativas han sido reacias a adaptarse, operando bajo el supuesto que aula virtual es simplemente un aula presencial, pero por internet.

Así, han insistido tozudamente en que las clases se realicen de forma sincrónica. Sin embargo, la dificultad para interactuar con el docente y las distracciones de estar frente a un computador disminuyen, aún más, la capacidad de los estudiantes para concentrarse por largos períodos de tiempo. Por otro lado, no todos los hogares tienen más de un computador. Si uno de los padres debe teletrabajar, los miembros del hogar que deben asistir a clases quedan privados de un dispositivo.

Resultaría más adecuado que los docentes graben breves cápsulas, dividiendo sus clases en tres o cuatro secciones y las suban a plataformas que optimicen los recursos para su acceso. Luego, se puede generar una breve sesión para discutir las dudas de los estudiantes, o utilizar mecanismos de comunicación diferida, como foros de discusión.

En cuanto a las evaluaciones, muchos docentes han pretendido -ya sea por comodidad o sobrecarga de trabajo- mantener la utilización de pruebas de verdadero y falso, alternativas o preguntas cortas de mero conocimiento. Para combatir la posibilidad de plagio, se ha recurrido a ideas ridículas, como obligar a los estudiantes a rendir sus evaluaciones con la cámara web encendida o rastrear su dirección IP. 

En realidad, es imposible evitar que los estudiantes hagan trampa a distancia. Un cambio en la forma de realizar la labor docente necesariamente debe ir acompañada de un cambio en la metodología de evaluación. En otras palabras, se debe medir el rendimiento de los estudiantes a través de evaluaciones en donde sea irrelevante si estos tienen acceso a sus apuntes, internet o a discutir con sus compañeros. 

A la larga, esto último resultará positivo, ya que puede ayudarnos a dejar atrás el anticuado paradigma de simplemente medir la capacidad de memorizar, y comenzar a evaluar a los estudiantes por su capacidad de análisis, síntesis y de aplicar lo aprendido. 

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