El cepo en la plaza pública

Publicado originalmente el 15 de febrero de 2019 en La Segunda

El alcalde Joaquín Lavín y la cuenta institucional de la Municipalidad de Santiago han adquirido la práctica recurrente de subir fotos de presuntos sospechosos de delinquir en sus comunas a redes sociales. Estas fotografías de personas reducidas, muchas veces ensangrentadas y denigradas van acompañadas de mensajes llenos autocomplacencia sobre la gran labor que los organismos de seguridad vecinal están cumpliendo. Por supuesto, también están cargadas de desdén y desprecio por la persona capturada, a la que ya han declarado culpable y expuesto al juicio público a través de Twitter. 

La implementación de registros públicos como el DICOM del Transantiago o el registro de estudiantes deudores del Fondo Solidario resultan menos escandalosos, pero siguen la misma lógica: el Estado utiliza la exposición pública como elemento disuasivo. Poco importa el efecto a largo plazo que ello pueda significar en la capacidad de las personas de acceder al crédito, el trabajo y la vida social.

¿Qué tienen estas situaciones en común? Por un lado, son un buen ejemplo instituciones públicas que no sólo abandonan su función de proteger la privacidad y los datos personales de los ciudadanos, sino que activamente buscan exponerlos públicamente, usando la humillación y el escarnio público como sanción.

Pero más allá de la legalidad de estas medidas, la utilización del escarnio público como arma constituye una regresión autoritaria que nos retrotrae a una mentalidad medieval. Dejamos atrás la presunción de inocencia, el debido proceso y la proporcionalidad de la pena y nos entregamos de lleno a la vieja práctica de amarrar al acusado al cepo en la plaza pública. Ahí, el “otro” debe ser expuesto a la humillación, escupido y vilipendiado por sus pares, a plena vista del resto del pueblo.

Hoy es internet la nueva plaza en donde nuestros funcionarios electos colocan el cepo y deciden a quienes entregar a las fauces del juicio público. La pregunta es ¿realmente queremos vivir en una sociedad en donde nuestros representantes estén dispuestos a cometer estas bajezas sólo por un par de puntos en las encuestas?

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