Obras huérfanas

Publicado originalmente el 28 de agosto de 2019 en La Segunda

Uno de los principales problemas de nuestro sistema de derechos de autor, es que trata a todas las obras creativas con una misma vara. No importa que se trate de un éxito de taquilla o un ensayo político de los años 20: todas se protegen por un período de tiempo equivalente a la vida del autor más setenta años y sólo pueden ser utilizadas con la autorización expresa de su titular.

Pero los productos de la creatividad humana son diversos y proteger a todas las obras como si se trataran de éxitos comerciales provoca una serie de inconvenientes. Un buen ejemplo de ello son las “obras huérfanas”, aquellas donde no es posible identificar al titular de los derechos o no es posible localizarlo para obtener su autorización. Pensemos en editoriales antiguas que quebraron o artistas que no dejaron herederos conocidos.

Esta situación genera una doble pérdida social. Por un lado, pierden los artistas -quienes no pueden recibir una compensación por su trabajo- y por otro lado pierde la sociedad, al no poder obtener acceso a obras patrimoniales. Esto afecta especialmente a museos, archivos, bibliotecas, galerías y folcloristas. Estas entidades tienen toda la intención de obtener la autorización para restaurar y preservar obras de valor histórico o patrimonial, pero les resulta completamente imposible hallar a quienes detentan los derechos sobre ellas.

Esto pone a los rescatistas culturales en una situación particularmente injusta. Pueden optar por infringir la legislación (al digitalizar las obras para su preservación o ponerlas a disposición del público) o pueden decidir mantener el material de valor patrimonial escondido en un sótano. En ambos casos, la sociedad pierde. 

Urge la creación de una excepción que permita a los rescatistas culturales utilizar las obras huérfanas luego de una búsqueda exhaustiva de sus titulares. Del mismo modo, esta excepción se debe acompañar de mecanismos que permitan compensar a estos últimos en caso de que sean hallados. 

Este sería un primer paso para recuperar el espíritu de la legislación de propiedad intelectual y orientarla a su principal objetivo: fortalecer el dominio público e incentivar el acceso al conocimiento y la cultura.

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